Gandía ya es internacional. Paseo por la calle y me encuentro con africanos, arabes y sudamericanos. También hay bulgaros, polacos y rumanos. Al salir del Prado paso por una mezquita instalada en un barrio periférico de Gandía; muy cerca del antiguo Palacio de los Deportes.
El lugar es discreto pero muy evidente cuando se reunen por las tardes todos los musulmanes del contorno para celebrar su ritual.
Pero la diferencia cultural es notable, y las posibilidades de entendimiento pequeñas. Pienso también en los Gitanos de costumbres tan peculiares.
Con el mundo arabe la situación es más difícil. además del idioma está su cultura. Vivimos en un espacio físico común pero hay acaban las semejanzas.
Su cultura, el machismo, su religión y la manera que tienen de enfrentar el mundo nos resultan extrañas.
Y al pasar junto a su mezquita, me siento por un momento extranjero en mi ropia tierra. Rodeado de musulmanes que se reunen en grupos exclusivamente masculinos, me miran con distancia, quizás ellos también sienten mi extrañeza.
La convivencia entre culturas, el reto de la inmigración.
Siento que este es un problema importante.

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